Mostrando entradas con la etiqueta MIS RELATOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MIS RELATOS. Mostrar todas las entradas

Un nuevo curso ha echado a andar


Desde nuestra y vuestra Bitácora, que hoy vuelve a ser actualizada,
enviamos un saludo especial de bienvenida a los alumnos y alumnas de 1º de ESO que se incorporan a la Secundaria.

Y también un saludo especial para los alumnos y alumnas que se incorporan por primera vez a nuestro centro.

Desde las etiquetas 1º ESO, 2ºESO, 3ºESO, 1ºBACH o 2º BACH, os iremos recordando las lecturas de cada trimestre y las actividades a realizar.

También señalaremos obras y textos que puedan ser del interés de todos y todas bajo la etiqueta Propuestas.

En las etiquetas mis relatos y y poesía podréis publicar vuestras propias creaciones literarias.

Por último activaremos el e@bonoortográfico para que os animéis a dejar vuestros comentarios y creaciones.

Por eso... un saludo a todos y empezamos.

Virginia Zúñiga de 1º de Bachillerato se ha animado a publicar un relato.



Capítulo 1. Dulce comienzo

Es bueno soñar… soñar con lo que vas a poder ser dentro de unos años, soñar con cosas bonitas por las noches, soñar con realizar algo... soñar es maravilloso. O eso pensaba yo...

Cuando era pequeña soñaba como cualquier niño pequeño con lo que iba hacer de mi vida en un futuro. Naturalmente no me iba a preocupar en ese momento por la economía, problemas, o engaños que pudiese sufrir en un futuro. Mi vida era simple, demasiado simple; mi único trabajo era jugar, comer, reír, divertirme y… soñar. ¿Qué soñaba? Soñaba con cosas tiernas, dulces… soñaba con una hermosa familia, con hijos a los que cuidar y un esposo al que yo atendería con todo el amor del mundo y al que amaría hasta la muerte, en ese tiempo es muy fácil, pero también es muy pura la palabra “amor”. Así crecí, soñando con una y otra cosa, pero siempre soñando…

Mis padres nunca me impidieron el hacerlo. Al contrario, me alentaban a pensar siempre en cosas positivas, en ver lo bueno de la vida. Mis padres… las mejores personas que yo he conocido en mi vida, que aunque fue poco… ellos eran para mí los mejores padres del mundo, sólo que de tanto que me querían nunca me enseñaron que a veces, por más que queramos ver el lado positivo de las cosas no lo hay… por mas que intentemos y queramos pensar que las cosas están bien no lo están, y tenemos que recuperarnos de eso, porque puede ser terrible no hacerlo. Recuerdo que mi madre era preciosa, se dedicaba a cuidarme y a cuidar de la casa y de mi padre en cuerpo y alma, siempre tenía una sonrisa para todos aunque estuviera muy cansada. Mi padre era el mejor amigo que pude tener: llegaba del trabajo y jugaba conmigo un buen rato. Se entretenía contándome cuentos y siempre me escuchaba atentamente cuando le contaba que mi muñeca Mirle se había ensuciado por culpa de un pastel de chocolate que se había comido… o que su gemela, Merle, debería de tener otro vestido porque a veces me confunden. Daba igual, yo para él siempre fui su princesa.

El día de mi cumpleaños me extraño que mis padres no me felicitaran juntos, los años anteriores siempre lo habían hecho ambos dándome un fuerte y cariñoso abrazo haciéndome “sándwich”. Mi padre entro solo a mi recamará abrazándome fuertemente como si no me hubiera visto en muchos años, después de hacerlo saco de el bolsillo de su pantalón una cajita de terciopelo negro y me la entrego, la abrí despacio y me sorprendí cuando vi que era una cadena de plata con un dije en forma de estrella de ocho picos hecho de cristal y plata, parecía como si hubiera bajado una estrella del cielo y me la estuviera regalando. Sonrió al ver mi expresión de alegría y me coloco la cadena, dijo que me quedaba muy bien, que la había mandado a hacer para mí… que era un diseño único en el mundo. Después salió de ahí para irse a su trabajo, pero no oí que se despidiera de mamá… a lo mejor sólo era mi imaginación. Al bajar encontré a mi mamá en la cocina, estaba secando un par de lagrimas con un pañuelo mientras ponía una sexta velita en el pastel, al ver que yo estaba allí inmediatamente se dio la vuelta con el pastel de chocolate en sus manos y me sonrió. Me dijo que sus lágrimas eran de alegría… me abrazó como lo había hecho mi padre, y me felicitó susurrándome al oído cuanto me amaba, después encendió las velitas del pastel y yo las apague no sin antes pedir un deseo, después me dio una caja grande con un gran lazo rojo. La abrí rápidamente tratando de adivinar que era lo que contenía y me encontré con una hermosa muñeca de porcelana Tenía ojos color esmeralda que contrastaban con su vestido en color sangre hecho de seda y encajes, con cabello castaño oscuro rizado que caía gracilmente por su espalda hasta llegar a la altura de sus delicadas manitas. La llamé inmediatamente Akari.

Tras desayunar con mi mamá subí a mi habitación para jugar con mis tres muñecas, Mirle, Merle y Akari, las convertí en amigas y me inventé mil aventuras con ellas hasta que se anocheció, quise encender la luz y me di cuenta que el foco no se prendía. Salí de mi habitación y encontré a mi madre repartiendo velas por toda la casa; se había ido la luz. La casa se veía algo nostálgica con la luz de las velas, la madera de los pisos, paredes y techo brillaban extrañamente pero de una forma muy bella, con un deje bohemio. En ese momento llego mi padre, dejo su saco en el perchero, me dio un beso y se metió en su recamara sin tomarle atención a mi madre, después ella cambio su rostro alegre por un rostro aun mas triste, apenas me pudo dar un beso cuando también se metió en su habitación, tal vez ella y papá ese día estaban muy cansados… Por mi parte tome una de las velas del pasillo y me metí nuevamente en mi cuarto, abrí la ventana y me acosté rodeada de mis tres muñecas. Dormí tranquila y profundamente… tal vez dormí como nunca lo había hecho… ¡maldita sea porque me dormí así! ¿¡Por qué!? Cuando desperté… cuando desperté mis muñecas no estaban, ni mi cama… ni mi cuarto, tenia una aguja enterrada en mi brazo, y estaba recostada en una camilla entre gritos de personas y enfermeras que me rodeaban…

Virginia Zúñiga

Un nuevo relato de Beatriz Alonso. Disfrutadlo y dejadle vuestros corteses comentarios.

Llovía, ¿por qué ahora? Salí corriendo y me tapé la cabeza con el maletín. Me temblaba todo el cuerpo. Sabía esa sensación, no era nueva en absoluto, y menos era por el frío. La razón era la misma que hace unos meses. Era por ella.


Me refugié debajo de un sauce, no uno cualquiera. Era nuestro árbol. Allí todas las mañanas de verano nos habíamos tumbado y charlado alegremente. Sí, lo recuerdo perfectamente. Podía imaginarme la escena como si nada. Ella y yo, solos en aquel lugar, sentados y recostados contra la corteza de ese árbol al cual estaba ahora mismo apoyado.
El agua me recorría toda la cara. Había tormenta. Sentí cada gota recorrer mi rostro como si fuesen caricias frías y gélidas. Quizás fuese lo último que me quedaba de ella: recordar el último día a su lado cada vez que cayese tormenta.
No pude evitar dejar caer el maletín al suelo, mi traje estaba empapado y yo me limité a seguir allí de pie. Las escenas a su lado no paraban de pasar rápidamente por mi mente, hasta acabar con el chirrido de unas gomas de neumático y caerme de rodillas en aquel césped totalmente encharcado. Tuve ganas soltarlo todo, de gritarle al mundo mi injusticia, ya que… ¿cómo iba a seguir así? ¿Cómo iba a seguir adelante? Me habían arrebatado a todo lo que tenía. Todo, porque era lo único que me hacía levantarme con ganas de vivir el día a día alegremente.
Desde aquel suceso odio los días de tormenta, los días catorce y san Valentín. Lo recuerdo de tal manera, que podría describir hasta el más mínimo detalle:

Fue un catorce de Octubre del año pasado. Un día en el que me había levantado con una sonrisa dibujada en el rostro, sabía que tendría un día prometedor a su lado, porque habíamos quedado de hacer algo distinto y especial.
La llamé:
-¿Sí?
Alguien había descolgado el teléfono. Era su voz. No se por qué me imaginé que sonreía.
-Sonia. -Musité -¿Cómo hacemos para quedar?
-No te preocupes, yo te llamaré cuando esté lista, ¿entendido?
Rió pícaramente. Yo sonreí tímidamente. Éramos polos opuestos.

Me quedé en casa haciendo trabajos y demás. Pensando en dejar todo listo hasta que llegase el gran momento, ¿Qué sorpresa me estaría guardando? Cada vez que me planteaba esa cuestión, no podía evitar desconcentrarme. Y el hecho de volver a ponerme a trabajar me costaba cada vez más, ¿Qué era ese dolor en el estómago? Tan ansioso estaba por verla y disfrutar de su compañía que así me sentía: nervioso, ansioso y lo más importante: plenamente feliz.

Ahora me doy cuenta de que echo de menos esa sensación. ¡Quién me diese volver a ser un hombre alimentado por ilusiones y por ansias de vivir! ¿Por qué cuando somos felices la vida no nos deja poder disfrutar un poco más de ella? Un segundo puede cambiar tu vida derepente, en un instante. Y ese es el momento en el que te das cuenta, qué es tu vida para ti. Para mí lo es ella, esté o no esté aquí.

Cuando recibí la llamada que tanto esperaba apreté rápidamente la tecla.
-¿Sí?
-¡Pedro! ¡Es espantoso!
Creo que nunca me había sentido tan confuso en mi vida, ¿Por qué me estaba hablando una mujer gritando y llorando? ¿Qué ocurría?
-Perdone, creo que se ha equivocado de número…
Algo me decía que no era cierto, ¿acaso era una casualidad que me llamase por mi nombre?
-No…-La mujer intentó tranquilizarse y siguió- Soy yo, Ana, la madre de Sonia.
Creo que nunca había sentido un escalofrío tan amplio recorrer todo mi cuerpo. Sentí que me envolvía y que me un soplo de aire me helaba por dentro. Mis articulaciones temblaban tanto que me dolían.
No hablé. No fui capaz.
-¡Mi hija!-Lanzó un sollozo- ¡Ha muerto! ¡Oh dios mío, dime que no es cierto! ¿Por qué Pedro, por qué?
La sangre se me heló. Creí que me iba a morir. Me acaban de dar la peor noticia de mi vida. Y lo peor es que el pánico me tenía atrapado. Seguí sin hablar, y las lágrimas caían de mi rostro sin apenas pestañear. Estaba serio, como un ser frío reaccionaría ante un suceso así. Pero no era así, los ojos hablaban por mí. Eses ojos que brillaban por ella, estaban ahogándose de dolor y melancolía.
-¿Qué paso?-Por fin hablé.
-Un accidente, ¡es horrible!
-¿Un accidente, de qué?
-¡De coche!-tragó saliva- ¡Si la hubieses visto hoy! Estaba toda ilusionada… Y ahora… y ahora…La mujer seguía llorando. Por fin comencé a pensar. Y preferí haberme quedado anonadado el resto de mi vida, porque en ese instante comprendí que no habría otra oportunidad por volver a oír su voz pegada contra mi oreja. Y que había muerto porque había salido por un motivo concreto. Ese motivo era yo.
Apreté mis puños fuertemente. Ella no volvería. No volvería a sentir el calor de sus abrazos cuando me abrazaba. Me levanté del escritorio y fui directo a mi mesilla, sujeté su foto. Salía sonriendo y yo a su lado. Entonces la apreté contra mi pecho. No sé si fue casualidad, pero me sentí mejor y ese pánico fue desapareciendo poco a poco. En aquella foto éramos felices. Intentaría serlo solo por ella.
Beatriz Alonso

Otro Relato: ¡Esto se anima!

Este relato es de la autoría de Marta Alonso. A ver si cunde el ejemplo.

Era una tarde lluviosa y fría, la típica tarde de invierno, donde lo único que apetece es quedarse en casa enrollado en una manta y viendo una de las películas de navidad que están echando en ese momento en la televisión.
Esto sería lo que cualquier persona haría, pero Javier no era así, a él le gustaba salir, ir a dar una vuelta con sus amigos o echar unas partiditas al billar, por lo que. ¿Por qué esa tarde no? Si era una de tantas. Se vistió, se abrigó y salió a la calle en busca de diversión.
Cuándo ya llevaba media hora caminando sobre la lluvia se dio cuenta de que alguien le seguía, y comenzó a acelerar su paso; mientras tanto, miles de imágenes le iban pasando por la cabeza, una tras otra sin detenerse en ningún momento. De repente, se paró en seco, miró con los ojos bien abiertos a su alrededor, no sabía donde se encontraba, estaba en una calle desconocida, miró en todas las direcciones, no había nadie a su alrededor, solo unos cuantos edificios en ruinas, y una parada de bus por la que hacía años que ya no pasaba ninguna línea. Javier atemorizado intentó recordar el camino por el que había venido y en ese preciso instante escuchó un gritó. Una voz masculina, grave y llena de ira, se giró buscando el lugar de donde provenía esa voz y en es preciso instante vio como un hombre alto y corpulento se abalanzaba sobre él, intentó correr, pero su cuerpo se quedó paralizando, sus músculos se quedaron tensos como piedras, no era capaz de mover sus articulaciones, estaba paralizado. Alzó la mirada intentando buscar los ojos del hombre, que le estaba mirando con una sonrisa. En ese momento Javier se desplomó sobre el suelo debido a toda la tensión, miedo y sufrimiento acumulado en su débil y frágil cuerpo.
Se despertó en una cama mullida, y la habitación estaba iluminada por una luz blanca e impregnada por un olor peculiar, dirigió su mirada hacia un sofá que había en el fondo de la habitación, ahí estaba su madre descansando, ella no parecía preocupada, se intentó incorporar y llamó a su madre con un fino hilo de voz, esta se giró hacia él y le sonrió. Entonces Javier le comenzó a bombardear con una serie de preguntas, cada una de ellas con menos sentido que la anterior. La madre, con paciencia le relató lo ocurrido, Javier en ningún momento se había perdido. Sino que se había adentrado en las viejas naves abandonadas que estaban siendo empleadas en el rodaje de una película. Y ese hombre que se había acercado a Javier no era más que el director y que debido a lo sucedido y a todas las molestias causadas le había invitado a acabar de ver el rodaje de la película.Javier se dio cuenta de que la mente le había jugado una mala pasada, no todo es lo que parece.

La imaginación no tiene límites…y ¡FELIZ NAVIDAD a todos!

Fdo: Marta Alonso.

Publicamos el primer relato de nuestro Blog.

Beatriz Alonso nos ha enviado este relato. Como ella, también nosotros esperamos que os guste. A ver si alguien más se anima a enviarnos sus creaciones.

Javier esta noche no era capaz de conciliar el sueño. Se trataba de una noche mágica, y a su vez de las más frías que se pudiera recordar. Entre las sábanas observaba el techo y a los lados en busca de algún signo de movimiento. Pero nada se escuchaba, nada se veía. Se fijó en sus regordetas manos abriendo las palmas y le recordó a anteayer, cuando le preguntara gente adulta cuantos años acababa de cumplir y él con una amplia sonrisa abriera la palma de su mano izquierda. Eso es, cinco años. De repente, su corazón se sobresaltó y se irguió rápidamente de la cama y puso rumbo a la puerta de su habitación, la cual estaba cerrada, y apoyó su pequeña cabeza de pelo lacio contra ella para poder escuchar mejor lo que ocurría tras ella con detenimiento. Falsa alarma. El ruido de la cisterna y un bostezo claramente procedente de su hermano mayor hizo que la esperanza e ilusión se esfumasen de su pequeño cuerpo. Eso era él, algo diminuto. Y así se sentía a comparación de su hermano de nueve años.

Javier, de nuevo en cama notaba como cada vez le pesaban más los párpados. Su esfuerzo para mantenerlos abiertos era notoria, pero era consciente que le quedaba muy poco para adentrarse en sus míticos sueños, en los cuales él era un pirata, pero no uno cualquiera. Él era un pirata admirado y respetado por todos, temible y a su vez valiente. Y eso sí, con la mejor tripulación de todo el país.
-¡Javier!
Se sobresaltó. Obviamente estaba dormido. Frunció el ceño. Era su madre.
-Vete al salón. Puede que estuviera adormilado… pero en su rostro se dibujó súbitamente una sonrisa de oreja a oreja. Eso quería decir que el momento que tanto anhelaba había llegado al fin.
-¡Javi! ¡Javi!
Su hermano acababa de entrar a su cuarto dando brincos de la felicidad.
-Hola Bruno.
-¡Sal de cama! Bueno… si te apetece… total ya sabes que tienes carbón…
Su hermano le dedicó de esas sonrisas más sarcásticas de su repertorio. Y a cortos pasos se alejó de la vista de Javier y su madre.
-No le hagas caso, hijo.-Lo intento animar su madre, ya que había reparado en el desdén que mostraba.
Javier no respondió. Simplemente se encogió de hombros enfurruñado. En su cabeza se imaginaba a él abriendo los regalos de navidad con su Actionman y a Bruno poniéndole cara de indiferencia pensando que el regalo (sin abrir todavía )que le pertenecía sería mil veces mejor que el suyo simplemente por tener un tamaño considerablemente mayor. Una vez desenvuelto, se daría cuenta que su contenido no sería ni más ni menos, que una caja enorme de carbón. Pero peor aún, ¡Carbón no comestible!
-¿Y ahora porqué sonríes?
Javier negó con la cabeza como si nada hubiera pasado. Pero al parecer sus labios habían dibujado una pequeña y maliciosa sonrisa. Su madre lo cogió en su regazo y lo llevó hasta el salón. Allí estaba el árbol de navidad, lleno a sus pies de muchos regalos. Entonces fue cuando Javier habló olvidándose de su enfado:
-Mamá, ¿Papá Noel no se habrá equivocado?
-No te entiendo hijo.
-Sí, ¿Y los demás niños qué?
Puso sus manos en los bolsillos y se giró hacia su hermano. Se sentía superior a él. Porque a diferencia de Bruno, se preocupaba por los demás. Y le gustaba mucho recalcar esa virtud siempre que tenía ocasión y demostrárselo al mundo.
-No te preocupes. Papá Noel tiene para todos.

Extrañamente, Bruno sintió la necesidad de portarse bien con su hermano. Al fin y al cabo no se divertía jugando él solo al otro lado del salón. De hecho parecía que Javier se divertía solo tranquilamente jugando con su Actionman. Se acercó a él y Javier se encogió de hombros e intento esconder su juguete, pensando que su hermano quería arrebatárselo de las manos. Pero para su sorpresa, Bruno le ofreció jugar con él. Javier frunció el ceño e intentó poner cara de enfadado (la cual duró poco, ya que pronto levantó los brazos y lo abrazó).
Y así, en aquella noche mágica, aquella noche de Navidad. Los dos hermanos olvidaron sus indiferencias.

Fdo: Beatriz Alonso .

¡Feliz navidad a todos!


MIS RELATOS


Ahora también puedes publicar en esta sección los relatos que vayas escribiendo a lo largo del curso. Deja volar tu imaginación y tus sentimientos; dáles forma y escribe.

Tal vez, dentro de unos años, todos podamos leer uno de tus libros

¡Anímate!